No se sabe con certeza el origen de la conocida torta húngara, pero una cosa sí es cierta... ¡es muy difícil resistirse a su sabor! La masa es una mezcla entre brioche o bollo suizo, quizá con la miga un poco más densa.
En realidad y aunque se conoce como torta húngara, se cuenta que pudo ser llevada al exterior por inmigrantes alemanes del Volga, que la llamaban “ Achtzig Schlag” y es popularmente conocida como torta de 80 golpes.
Esta especie de pan húngaro dulce tiene una masa suave y es una estupenda opción para el desayuno o la merienda o para cualquier momento del día.
Quizás te preguntes a qué debe el sobrenombre de este dulce. Sencillamente que éste nos indica el número de golpes que debemos darle a la masa sobre la superficie de trabajo para que quede en su punto. Perfecta para eliminar el estrés después de un día agitado, ¿verdad?
Ingredientes para la masa:
700 g de harina todo uso
50 g de levadura
300 g de leche tibia
100 g de azúcar
2 huevos
Ralladura de 1 limón
1 cucharadita de vainilla
20 g de aceite de girasol
Para el relleno:
100 g de azúcar blanco
150 g de mantequilla
Opcional: pasas, chips de chocolate, almendra, nueces, mermelada, dulce de leche, miel, canela… se trata siempre, de añadir un único ingrediente de los opcionales.
Vamos a necesitar un molde redondo desmontable 26 cm.
Empezamos.
En otro bol mas grande donde tenemos la harina, hacemos un hueco en el medio y ponemos el azúcar, los dos huevos, la ralladura de limón, en este paso también añadimos la cucharadita de vainilla, el aceite de girasol y la preparación que hicimos con la levadura.
En este momento, es cuando deberíamos empezar a golpear nuestra masa contra la superficie de trabajo. Para ello la sujetamos en alto con las dos manos y la lanzamos sobre la superficie de trabajo con fuerza ¿adivináis cuantas veces? ¡Exacto! 80 veces. Pueden ser más, hasta que veamos que la masa esté lisa y elástica.
Una vez la masa ha desarrollado el gluten, vemos que se ha vuelto elástica y suave, la dejamos fermentar en un bol ligeramente aceitado durante 45 minutos o 1 hora hasta que veamos que la masa ha doblado su volumen.
Mientras tanto, vamos preparando el relleno mezclando bien la mantequilla reblandecida con el azúcar y lo dejamos en espera.
Cubrimos el rectángulo con la masa del relleno, primero con montoncitos y luego con ayuda de una espátula hasta que quede toda la masa cubierta por igual.
Cuando hayamos terminado ese paso, podemos añadir otro tipo de relleno que queramos, lo distribuimos procurando que quede repartido por todos los lados por igual. (Le puse pasas).
Enrollamos la masa poco a poco, sin presionar, por el lado más largo, obteniendo un cilindro. Cuando hayamos terminado el rollo, sellamos con los dedos pellizcando y cerrando el rollo.
Procedemos a hacer las porciones. Se obtienen normalmente 9, pero depende del tamaño del cilindro Es muy importante hacerlo con un cuchillo bien afilado de filo liso, con determinación de forma que cada incisión, sea un corte.
Enmantequillamos un molde de unos 26 cm. de diámetro y le añadimos harina, repartiéndola por el molde y retirando la sobrante para evitar que se pegue la masa.
Colocamos cada porción con el corte hacia arriba en un molde redondo desmontable poniendo un rollo en el centro, y los otros, alrededor bien separados dejando un espacio entre cada uno, porque aumentarán de tamaño durante la segunda fermentación. Tapamos con un paño y dejamos levar hasta que las piezas dupliquen su tamaño, (las mías suelen tardar entre 45 minutos y una hora), dependiendo de la temperatura ambiente. Pintamos toda la superficie con ayuda de un pincel con huevo batido.
Horneamos la torta a 170ºC durante 40/45 minutos a altura media, calor arriba y abajo. Vigilamos a partir de los 40 minutos. Esperamos hasta obtener el color que nos agrada.
Desmoldamos y dejamos enfriar.










































