Mostrando las entradas para la consulta rosquillas fritas de mi madre ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta rosquillas fritas de mi madre ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de noviembre de 2023

ROSQUILLAS FRITAS DE TIA EUGENIA Y ANTONIA

En vida de mis padres tenían una gran relación con mio tio Alipio, hermano de mi padre, y su esposa Eugenia que vivían en Salamanca. Se veían bastante, y cuando mis tíos venían a casa siempre traían algún obsequio para ellos. 

Recordé hace poco cuando me encontré con su nieta, unas rosquillas que traía mi tía y que estaban envueltas en azúcar y moldeadas de una forma diferente a cómo las hacía mi madre.

Mi madre y ella intercambiaban con frecuencia, secretos familiares de cocina y en alguna ocasión ví a mi madre hacer estas rosquillas, pero no estuve atenta y no me quedé con la receta que parece ser, heredó la mujer de su hijo. 

Hoy la traigo aquí gracias a la colaboración de su nieta Geni. Muchas gracias.

Hice algunas modificaciones en la receta, siempre prefiero utilizar mis medidas habituales para no equivocarme por si varía el tamaño del huevo por ejemplo, incluso le puse más azúcar, más aguardiente y más agua. Por supuesto hice las que se corresponderían a la mitad de la receta porque no conviene pasarse en esto de los dulces.

Ingredientes que me transmitió Geni


6 huevos
12 cucharadas de azúcar
6 medios cascarones de aceite de girasol
2 sobres de levadura química (Royal)
2 medios cascarones de agua
2 medios cascarones de aguardiente
1.200 g. de harina aproximadamente

(Mis ingredientes)
3 huevos
9 cucharadas de azúcar
3 cucharadas de aguardiente
6 cucharadas de aceite de girasol
1 sobre de levadura royal
600 g de harina (aumente líquidos y hay que aumentar harina)

Elaboración

Batimos los huevos con el azúcar y el aguardiente; deben estar muy bien batidos: al coger el batidor en el aire, deben hacerse  rayas cuando caiga la masa dentro del recipiente.

A continuación se añaden el aceite y el agua para unirlos bien con la mezcla anterior.

Procedemos después poco a poco, a mezclar la harina, - previamente tamizada junto a con la levadura - con el resto de ingredientes que tenemos preparados, primero haciéndolo con una cuchara y luego volcando sobre la mesa de trabajo enharinada y amasando.

Como he indicado con otras rosquillas de sartén que he publicado con anterioridad, para saber cuándo está la masa en su punto, tenemos que fijarnos que la masa no sea pegajosa y no pasarnos con la harina, para lo que iremos "metiendo el dedo índice", hasta que no se pegue, pero el hueco que hacemos se cierre rápidamente.

Dejamos reposar la masa tapada con un paño, media hora aproximadamente.

Para formar las roscas en este caso, se hace de forma diferente a como yo las hago habitualmente: Se hacen dos bolas del tamaño de una bola de golf y se colocan una encima de la otra, y hacemos un agujero bastante grande en medio de las dos bolas, 
que estiraremos para que al freírlas no se cierren.

Se fríen en abundante aceite bien caliente y se dejan escurrir en papel absorbente.

Opcionalmente, se pueden espolvorear con azúcar.







lunes, 9 de octubre de 2023

ROSQUILLAS DE SARTEN DE MI MADRE, EN THERMOMIX


En casa suelo hacer distintos tipos de pastas, bollería o fritos tradicionales que se conserven bien en latas herméticas para tener siempre a la hora del café.

Sin lugar a dudas, lo que más éxito tiene, son las rosquillas fritas que hago con la receta de mi madre AQUI, suelen terminarse rápidamente porque hago 2 huevos cada vez y salen más o menos 40 rosquillas.

Hoy sin embargo, pensé que era hora de "empantanar" más tiempo la cocina y preparé 4 huevos.

La cuestión es que me voy haciendo más cómoda y he probado a utilizar la thermomix para amasar en lugar de hacerlo con las manos como he hecho siempre, y han salido muy ricas.

Diré que con esta receta, siempre me salto la norma de que, en repostería, todo debe hacerse con las medidas en gramos para que salga perfecto, y he seguido utilizando las medidas que aprendí de mi madre.

Su unidad de medida era la cuchara sopera. Claro está, no todas las cucharas soperas tienen el mismo tamaño, de hecho, yo siempre utilizo una más bien pequeña para comer, mientras que para el resto, utilizo una un poco más grande. Por tanto, la cantidad de harina siempre será proporcional  a los gramos de los ingredientes que lleve la cuchara que utilicemos. Yo he puesto los que necesité y la próxima vez que las haga, para facilitar las cosas pesaré y pondré los gramos de cada ingrediente que he utilizado.

El secreto de estas rosquillas está en conseguir una masa manejable que no se pegue a las manos, por tanto, usando la medida de la cucharada sopera grande como la mía, y los huevos grandes de 73 gramos, la cantidad de harina y de levadura va a ser considerablemente mayor.

Si es la primera vez que las hacéis, mi consejo es que agreguéis la harina poco a poco, e incluso, si vuestra thermomix es como la mía el modelo 31, (mientras funcione, me niego a cambiarla, porque estoy encantada con ella), tiene menos capacidad que los últimos modelos, así que yo he terminado el amasado a mano.

Si os preguntáis cómo saber cuando la masa está bien hecha, mi madre me enseñó un truco: cuando veáis que empieza a no pegarse a las manos, metéis el dedo índice en la masa, si no se pega y el hueco que hace el dedo, se cierra de inmediato, es el momento de dejar de agregar harina.

Y tras este preámbulo en el que cuento los trucos de medidas y lo que me enseñó mi madre, vamos con los ingredientes que yo he utilizado.

Ingredientes

4 huevos de 73 g
12 cucharadas soperas grandes de azúcar
12 cucharadas soperas grandes de aguardiente
12 cucharadas soperas grandes de aceite de oliva suave (se puede utilizar de girasol, pero a mi, me gusta menos en estas rosquillas.
20 g de levadura química (utilizo Royal)
1 pizca de sal.
800 g de harina (*)

Elaboración en Thermomix

Pesamos la harina y la tamizamos junto a la levadura y la sal. Reservamos.

Ponemos en el vaso el azúcar y la trituramos, en velocidad 5/7/10.

Sin limpiar el vaso, agregamos los huevos, el aguardiente y el aceite de oliva. Programamos10 segundos a velocidad 6.

Agregamos la mitad de la harina y mezclamos 8 segundos a velocidad 6. Echamos la harina restante, reservándonos unos 50 g aproximadamente y programamos 15 segundos a velocidad 6.

Añadimos los 50 g reservados y programamos 30 segundos, vaso cerrado y velocidad espiga.

Comprobamos si la masa esta hecha (la mia estaba muy blanda y muy pegajosa), pero mi modelo de thermomix, no admitía más harina aunque la masa no estaba en su punto.

Pesé 50 g más de harina, y la extendí sobre la mesa de trabajo, volqué la masa sobre ella y continué amasando con las manos. No necesité más que 30 g. más de harina y un par de minutos de amasado.

La coloqué en un bol tapado con papel film y la he tenido en reposo unas dos horas.

Cubrí la zona de trabajo con papel de aluminio que espolvoreé ligeramente con harina, y formé las rosquillas. Hay más formas de hacerlo, pero yo las hago enharinándome levemente las manos, tomo porciones del tamaño de una nuez hago un rulo y luego las pego por los extremos.

Para freírlas es preferible utilizar una sartén pequeña,  que no entren más que 4 o 5, y el fuego medio, de manera que la aceite conserve siempre la misma temperatura y las rosquillas se hagan por dentro sin dorarse excesivamente por fuera.

Lo ideal, es que al meterlas en la sartén, la rosquilla se abra ligeramente, eso significa que tiene buen punto de harina y de levadura y que vuestra masa es correcta. Las nuestras han salido muy ricas.

Como véis por la imagen las he guardado en latas sobre papel absorbente para que se conserven mejor.

(*) Tened en cuenta también que no todas las harinas funcionan de la misma forma, dependen mucho de la cantidad de proteína que tenga, no todas las harinas tienen las mismas aplicaciones, por ejemplo cuando hacemos pan, entre más proteína tenga, mejor pan tendremos. En este caso he utilizado harina de trigo de todo uso de Mercadona.





                    

domingo, 13 de marzo de 2016

ROSQUILLAS FRITAS DE MI MADRE


Siempre he dicho que mi madre era una cocinera extraordinaria. Con pocas comodidades, conseguía hacer unos platos buenísimos y con un punto diferente. No hacía una cocina  creativa ni variada en exceso, pero sí única. Estas rosquillas que son conocidas por todos tenían algo que las hacía distintas, y en verdad, he probado muchas: con naranja, con anís, con leche, con canela, ninguna comparable, a mi me siguen gustando las de mi madre más que ninguna otra.

Hacía más de medio año que no las hacía, y hoy tocó. Así va la cosa.

Ingredientes

2 huevos
6 cucharadas soperas de aceite de oliva
6 cucharadas soperas de azúcar
6 cucharadas soperas de orujo
Harina, la que pidan(*). No, no es broma es exactamente esa, la que pidan; variará siempre en función del tamaño de los huevos y de lo grande que sea vuestra cuchara sopera. Aunque ese detalle pueda parecer irrelevante no lo es, y así como en el resto de los ingredientes no modifican la masa, la cantidad de harina y de levadura, si. Según nos excedamos o nos quedemos cortos pueden salirnos unas roscas secas o demasiado esponjosas y huecas, y las de mi madre, no son así. Yo he usado para los dos huevos, alrededor de 1/2 kg.
1 cucharadita de postre colmada de levadura royal.
Aceite para freírlas

Elaboración

En un bol, colocamos todos los ingredientes exceptuando la harina y la levadura. Batimos con energía hasta conseguir que se integre todo bien.

Cuando hayamos terminado, empezamos a mezclar poco a poco con la harina procurando que no queden grumos. Añadimos poco a poco más harina, a la que habremos añadido la levadura royal.

En el momento en que notemos que la masa está empezando a ponerse pesada y no podemos seguir mezclándola con el tenedor, volcamos la masa sobre un poco de harina y amasamos con suavidad.

La masa tendrá suficiente harina, cuando al meter el dedo en el medio, la masa no se nos quede pegada. Siempre es preferible que quede escasa de harina que pasarse de la cantidad, porque las roscas quedarían  secas.

Dejamos reposar la masa durante una hora aproximadamente tapada con papel film, a temperatura ambiente. Acto seguido, empezaremos a formar las rosquillas y las iremos dejando sobre una superficie plana  y enharinada separadas unas de otras.

Para freír las rosquillas, lo mejor es utilizar una sartén pequeña con una buena cantidad de aceite de oliva.

No debemos empezar a freír hasta que la aceite alcance una temperatura suficiente, porque las rosquillas se llenarían de aceite y no estarían buenas. Yo pongo la vitrocerámica al 9 para empezar, pero antes de poner las rosquillas la bajo al 7 o al 6, voy observando la temperatura de forma que las rosquillas se frían por igual y aumento o bajo, según vea.

Es fundamental, mantener siempre la misma temperatura, de ahí lo de la sartén pequeña: se ponen 4 o 5 rosquillas cada vez, y siendo pocas, se sacan con rapidez y todas se fríen por igual, mientras que si son muchas cuando queramos terminar de retirar las que están friendo, el aceite se habrá calentado en exceso y las rosquillas se quemarán por fuera y no se harán por dentro.

Las retiramos y colocamos sobre papel absorbente para que pierdan el exceso de aceite si lo tuvieran.

Recién hechas, están de pecado, pero en unas buenas latas, las podéis conservar durante unos días...


(*) Cuando pongo harina la que pidan, no es porque no quiera decir la cantidad que uso, simplemente depende de varias cosas: el tamaño de los huevos y de la cuchara que se utiliza para medir tanto el azúcar como la aceite y el licor. Cada casa tiene unos cubiertos diferentes, por eso la harina deberá ir de acuerdo con todos esos detalles.